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PREGUNTAS & RESPUESTAS 12

Pregunta 101: ¿Comió Jesús carne de cerdo? Si no lo hizo, ¿por qué sí lo hicieron sus apóstoles? (TR)

Respuesta:
Léanse la pregunta y la respuesta n. 68. Allí explicamos cómo, con su predicación y su ejemplo, Jesús relativizó las obligaciones dietéticas de la Ley judía. La comunidad cristiana primitiva estaba formada por judíos (los judeo-cristianos) y por paganos (los pagano-cristianos). En ella se suscitó la cuestión de si los paganos tenían que circuncidarse al abrazar la fe cristiana (lo que significaba asumir también toda la Ley judía, incluyendo sus normas dietéticas y la purificación ritual). El Concilio de los Apóstoles convocó en el año 48 (Gal 2; Hch 15,1-29) en Jerusalén a los representantes de los varios grupos de cristianos de entonces. El Concilio acordó que la fe cristiana se propagara entre los paganos sin que tuvieran que aceptar la Ley judía. Sin embargo, los judíos bautizados debían seguir acatando la Ley. Por consiguiente, es de suponer que los apóstoles, incluido Pablo, que eran todos judíos, se atendrían a las normas dietéticas y de pureza. El mismo Pablo afirma en Gal 2,6 que el acuerdo al que se había llegado en Jerusalén no imponía unas órdenes como condición a su misión a los paganos. Tampoco en 1 Cor 8-10 y Rom 14, que abordan unas cuestiones semejantes, hace Pablo referencia alguna a ellas. Al parecer, ignora la carta del Concilio que se recoge en Hch 15,23-29. La discrepancia en este caso puede explicarse cuando advertimos que Lucas combinó en Hch 15 las respuestas abreviadas a dos problemas: la primera manzana de la discordia, con respecto a la que Pedro y Pablo toman partido, concierne a la cuestión de si se debía exigir a los paganos conversos que acataran la Ley judía, véase Gal 2,1-10. La segunda, que sucede posteriormente y en la que Santiago juega un papel determinante, concierne a los paganos y judíos cristianos que viven en la misma comunidad, véase Gal 2,11-21. Aunque era de esperar, con razón, que los judíos desecharan sus temores a la impureza ritual al relacionarse con los cristianos paganos por su común afiliación en Cristo, parece evidente que muchos judeo-cristianos, sin embargo, tenían grandes dificultades para superar sus inhibiciones (véase Hch 15,20). Así pues, era oportuno que también a los paganos cristianos se les exigiera que respetaran ciertas costumbres de sus compañeros cristianos de religión judía. Probablemente, este sería el fundamento de la carta conciliar (Hch 15,23-29). Lucas quiere subrayar en los Hechos de los Apóstoles que se había llegado a la aprobación de ambas normas con el consentimiento de las autoridades y de la primitiva comunidad de Jerusalén. Por esta razón combina estas decisiones en el capítulo 15 de los Hechos de los Apóstoles.

Pregunta 102: ¿Por qué los israelitas, es decir, los judíos, fueron maldecidos por Alá? ¿Se mantiene esta maldición para los judíos contemporáneos? (TR)

Respuesta:
Léase la respuesta a la pregunta n. 15 que se basa en el texto de la Declaración Nostra aetate (n. 4) del Concilio Vaticano II. El Catecismo de adultos (1985), publicado por la Conferencia Episcopal Alemana, dice con respecto a este asunto: La fe de Jesús une a judíos y cristianos; la fe en Jesús los separa. A diferencia del judaísmo, los cristianos creen que Jesús, nuestro hermano, es también el hijo de Dios, que ha cumplido su promesa a Israel mediante la cruz y la resurrección de Jesús. La cruz, a la que los líderes judíos de su época entregaron a Jesús, es un signo de salvación para los cristianos. Debe ser proclamada como un signo de paz universal (véase NA 4). Por consiguiente, según las palabras del apóstol Pablo, es un error caracterizar a los judíos como un pueblo rechazado y maldito (véase Rom 11,1-2). Dios sigue amando a su pueblo por causa de sus padres pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables (Rom 11,29). Por esta razón, el odio a los judíos y, en particular, su persecución, que tan frecuentemente se ha producido, hasta extremos escalofriantes, en la historia del cristianismo, deben condenarse, y debe continuarse y profundizarse en las conversaciones que con el judaísmo se han reanudado en nuestros días (p. 63).

Pregunta 103: ¿Por qué se extendió el cristianismo por Europa aunque se había originado en el Próximo Oriente? (TR)

Respuesta:
El Evangelio según Mateo termina con la misión universal confiada por Jesús resucitado a los once apóstoles: Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (28,18-20).

Obedeciendo a este mandato, los apóstoles y la primera generación cristiana propagaron su fe en todas direcciones. Las comunidades e iglesias cristianas se fundaron muy pronto en Asia, África y Europa. Hasta la rápida expansión del poder islámico, el centro del mundo cristiano se hallaba en la zona del Mediterráneo, incluyendo el norte de África como también el Próximo y el Medio Oriente. La expansión de las dinastías musulmanas llegaron a someter a no pocas comunidades e iglesias cristianas, que se convirtieron en dhimmi-s  (literalmente, pueblo protegido) del islam. Las mayorías cristianas se fueron progresivamente convirtiendo en minorías. El número de cristianos en los países de mayoría musulmana disminuyó sin cesar y en ocasiones dramáticamente. Con el paso de varios siglos, el centro del cristianismo se desplazó hacia Europa occidental y oriental. A partir del siglo XV se extendió desde estas zonas a otras partes del globo.

El cristianismo está actualmente presente en los seis continentes, es decir, se ha propagado por todo el mundo. La mayoría de los cristianos viven en el hemisferio sur, en América Latina, África y Oceanía. Mientras que el número de cristianos europeos decrece sin parar, su número aumenta en el hemisferio sur. En consecuencia, el rostro global del cristianismo está cambiando a pasos agigantados.

Pregunta 104: ¿Puede Dios errar? ¿Qué atributos divinos manifiestan el hecho de que Dios puede errar y olvidar errores? (AL)

Respuesta:
Dios es todopoderoso y perfecto. Por consiguiente, es inconcebible y absurdo suponer que pueda cometer y olvidar errores.

Pregunta 105: En respuesta a la pregunta 94 escribió: Los escritores bíblicos también incluyeron mitos procedentes de otras culturas en sus libros e incluso inventaron otros. Sin embargo, este hecho es negado en los Evangelios (2 Pe 1,16). ¿Cómo podría explicarlo? (TR)

Respuesta:
En 2 Pe 1,16-19 leemos lo siguiente: Os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no siguiendo fábulas ingeniosas, sino después de haber visto con nuestros propios ojos su majestad. Porque recibió de Dios Padre honor y gloria, cuando la sublime Gloria le dirigió esta voz: Este es mi Hijo muy amado en quien me complazco. Nosotros mismos escuchamos esta voz, venida del cielo, estando con él en el monte santo. Y tenemos también la mismísima palabra de los profetas, a la cual hacéis bien en prestar atención, como a lámpara que luce en lugar oscuro, hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana.

Los gnósticos –que propagaron la especulación judía sobre la historia de los patriarcas y de los héroes del Antiguo Testamento– contaban con esta especulación arbitraria para fundamentar su herejía sobre el retorno del Mesías (véase 2 Pe 3,4-5 y 1 Tim 1,4; 6,20; etc.). Pedro y (sus) dos compañeros apóstoles, por otra parte, como testigos de la revelación, podían proclamar la transfiguración de Cristo (cf. Mt 17,1-8) como heraldos y garantes de la segunda venida de Cristo con poder (2 Pe 1,16-19).

Lógicamente, en nuestra respuesta a la pregunta n. 94 no pretendíamos decir que los libros de la Biblia están llenos de especulaciones arbitrarias y que están basados en historias que son fruto de la imaginación. Más bien, lo que queríamos decir es que los diversos escritores de los libros sagrados, bajo ciertas circunstancias, también usaron historias y personajes ficticios para dar testimonio de la verdad y los valores que ellos, como autores inspirados, querían presentar eficazmente.

Pregunta 106: ¿Es expulsada inmediatamente del islam una musulmana que se casa con un cristiano? (TR)

Respuesta:
Podríamos decir que esta pregunta debería hacerse, más bien, a los musulmanes y al modo como interpretan la ley islámica en estos casos.

Sin embargo, suponemos que el lector también quiere saber si desde el punto de vista de la Iglesia Católica y su derecho canónico es posible que una musulmana practicante viva matrimonialmente con un católico y si la Iglesia permite este matrimonio mixto a un católico. Dicho de otro modo, ¿puede un católico casarse con una musulmana y permitirle que siga practicando el islam sin que él, en cuanto católico, sea condenado por ello? ¿Reconoce la Iglesia Católica este matrimonio y acepta la opción subyacente en la que se fundamenta esta posibilidad?

Dadas las dificultades que surgen frecuentemente cuando los católicos se casan con personas que no están bautizadas, la Iglesia desaconseja estos matrimonios. No obstante, este tipo de matrimonio es posible desde una perspectiva católica. Desde esta perspectiva, los cónyuges deben tener libertad para practicar su religión.

Desde la óptica católica, se aplican las mismas condiciones a un matrimonio entre un católico y una musulmana como entre un musulmán y una católica. Con respecto a este particular no existen diferencias legales, puesto que, para la Iglesia, los hombres y las mujeres poseen los mismos derechos en el matrimonio.

Lógicamente, el matrimonio entre un católico y una persona no bautizada se encuentra con el obstáculo de la disparidad de culto según la ley canónica. Sin embargo, si una pareja está determinada a casarse, el obispo o su representante pueden eliminar este obstáculo. Sin embargo, esta eliminación implica cumplir ciertas condiciones:
- El miembro católico debe prometer mantenerse firmemente en su fe y esforzarse para asegurar que los hijos sean bautizados en la Iglesia Católica y formados en la fe católica.
- El miembro musulmán debe conocer esto y también debe ser informado de la concepción católica del matrimonio.

Dicho esto, la pareja católica debe ser consciente de que también la pareja musulmana está obligada a transmitir su fe. Por esta razón, la Iglesia no exige, en última instancia, que se eduque a la prole en la fe católica. Desde una perspectiva católica, son los mismos padres quienes libremente deciden la religión en la que deben formarse sus hijos.

Pregunta 107: ¿Por qué sigue prohibiendo el Vaticano el uso de los preservativos cuando el sida está matando en África a miles de personas? (TR)

Respuesta:
La pregunta sobre el uso de preservativos tiene su lugar en la doctrina moral católica en el contexto de si está o no permitida la anticoncepción artificial. Como en general se sabe, el magisterio de la Iglesia rechaza los anticonceptivos artificiales porque violan el vínculo entre la unión amorosa y la concepción. El uso de los preservativos para impedir la infección del virus del sida constituye para el magisterio una aplicación particular de esta doctrina.

La Iglesia está convencida de que la fidelidad y la abstinencia sexual son el camino más seguro para evitar la infección. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que no es una opción realista para mucha gente o que sienten que se le está pidiendo demasiado con ella. Por esta razón, los teólogos, y también los obispos, están haciendo reiterados esfuerzos a favor de una tolerancia moral sobre el uso de preservativos para impedir la transmisión del HIV como responsabilidad mínima hacia la pareja y hacia uno mismo. Hasta el momento, el magisterio no ha aceptado estos esfuerzos como una interpretación justa en esta circunstancia particular.

Pregunta 108: Son tres los atributos que definen a Dios: 1. Potestad de crear. 2. Inmortalidad. 3. Poder ilimitado. ¿Cuál de estos atributos son inherentes también a Jesucristo? ¿Puede ser ejecutado alguien que sea como Dios? (TR)

Respuesta:
Comience a leer los siguientes textos de esta página web en los que se trata la cuestión planteada: capítulo 3, III y IV; las respuestas a las preguntas n. 97, 12, 19, y, en particular, la pregunta y la respuesta n. 50.

También queremos decir que los tres atributos que definen a Dios, según la pregunta planteada, no tienen en cuenta otros atributos o nombres de Dios, que son de importancia capital en el Corán, según su propia valoración, y, por tanto, para el islam en general. Compárese, por ejemplo, la invocación en el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso, con que comienzan todas las suras del Corán menos la novena. O bien, léase la sura 59,22-24 y compruebe el orden en que aparecen los atributos divinos en la lista. Las diversas listas de los 99 más hermosos nombres de Alá, por ejemplo, la lista de los hadits, que se encuentra en la colección de hadits de Timididhi, que, según la tradición, se remonta hasta Abu Hurayras (según Abu Hurayra), nombra en primer lugar el listado de los atributos de la sura 59,22-24, a los que siguen muchos otros.

La concepción que el cristiano tiene de Dios está totalmente determinada por las enseñanzas y las acciones de Jesús de Nazaret. Los cristianos leen el Antiguo Testamento a la luz de la enseñanza y del testimonio de Jesús. ¿Cuál es, entonces, la novedad de la fe bíblica? En su primera encíclica Deus caritas est, de 25 de diciembre de 2005, el Papa Benedicto XVI escribe lo siguiente:

    La novedad de la fe bíblica

    9. Ante todo, está la nueva imagen de Dios. En las culturas que circundan el mundo de la Biblia, la imagen de dios y de los dioses, al fin y al cabo, queda poco clara y es contradictoria en sí misma. En el camino de la fe bíblica, por el contrario, resulta cada vez más claro y unívoco lo que se resume en las palabras de la oración fundamental de Israel, la Shema: « Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es solamente uno » (Dt 6, 4). Existe un solo Dios, que es el Creador del cielo y de la tierra y, por tanto, también es el Dios de todos los hombres. En esta puntualización hay dos elementos singulares: que realmente todos los otros dioses no son Dios y que toda la realidad en la que vivimos se remite a Dios, es creación suya. Ciertamente, la idea de una creación existe también en otros lugares, pero sólo aquí queda absolutamente claro que no se trata de un dios cualquiera, sino que el único Dios verdadero, Él mismo, es el autor de toda la realidad; ésta proviene del poder de su Palabra creadora. Lo cual significa que estima a esta criatura, precisamente porque ha sido Él quien la ha querido, quien la ha « hecho ». Y así se pone de manifiesto el segundo elemento importante: este Dios ama al hombre. La potencia divina a la cual Aristóteles, en la cumbre de la filosofía griega, trató de llegar a través de la reflexión, es ciertamente objeto de deseo y amor por parte de todo ser —como realidad amada, esta divinidad mueve el mundo—, pero ella misma no necesita nada y no ama, sólo es amada. El Dios único en el que cree Israel, sin embargo, ama personalmente. Su amor, además, es un amor de predilección: entre todos los pueblos, Él escoge a Israel y lo ama, aunque con el objeto de salvar precisamente de este modo a toda la humanidad…

    Los profetas Oseas y Ezequiel, sobre todo, han descrito esta pasión de Dios por su pueblo con imágenes eróticas audaces. La relación de Dios con Israel es ilustrada con la metáfora del noviazgo y del matrimonio; por consiguiente, la idolatría es adulterio y prostitución. Con eso se alude concretamente —como hemos visto— a los ritos de la fertilidad con su abuso del eros, pero al mismo tiempo se describe la relación de fidelidad entre Israel y su Dios. La historia de amor de Dios con Israel consiste, en el fondo, en que Él le da la Torah, es decir, abre los ojos de Israel sobre la verdadera naturaleza del hombre y le indica el camino del verdadero humanismo. Esta historia consiste en que el hombre, viviendo en fidelidad al único Dios, se experimenta a sí mismo como quien es amado por Dios y descubre la alegría en la verdad y en la justicia; la alegría en Dios que se convierte en su felicidad esencial: « ¿No te tengo a ti en el cielo?; y contigo, ¿qué me importa la tierra?... Para mí lo bueno es estar junto a Dios » (Sal 73 [72], 25. 28).

    11. La primera novedad de la fe bíblica, como hemos visto, consiste en la imagen de Dios; la segunda, relacionada esencialmente con ella, la encontramos en la imagen del hombre. La narración bíblica de la creación habla de la soledad del primer hombre, Adán, al cual Dios quiere darle una ayuda. Ninguna de las otras criaturas puede ser esa ayuda que el hombre necesita, por más que él haya dado nombre a todas las bestias salvajes y a todos los pájaros, incorporándolos así a su entorno vital. Entonces Dios, de una costilla del hombre, forma a la mujer. Ahora Adán encuentra la ayuda que precisa: « ¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! » (Gn 2, 23). En el trasfondo de esta narración se pueden considerar concepciones como la que aparece también, por ejemplo, en el mito relatado por Platón, según el cual el hombre era originariamente esférico, porque era completo en sí mismo y autosuficiente. Pero, en castigo por su soberbia, fue dividido en dos por Zeus, de manera que ahora anhela siempre su otra mitad y está en camino hacia ella para recobrar su integridad. En la narración bíblica no se habla de castigo; pero sí aparece la idea de que el hombre es de algún modo incompleto, constitutivamente en camino para encontrar en el otro la parte complementaria para su integridad, es decir, la idea de que sólo en la comunión con el otro sexo puede considerarse « completo ». Así, pues, el pasaje bíblico concluye con una profecía sobre Adán: « Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne » (Gn 2, 24).

    En esta profecía hay dos aspectos importantes: el eros está como enraizado en la naturaleza misma del hombre; Adán se pone a buscar y « abandona a su padre y a su madre » para unirse a su mujer; sólo ambos conjuntamente representan a la humanidad completa, se convierten en « una sola carne ». No menor importancia reviste el segundo aspecto: en una perspectiva fundada en la creación, el eros orienta al hombre hacia el matrimonio, un vínculo marcado por su carácter único y definitivo; así, y sólo así, se realiza su destino íntimo. A la imagen del Dios monoteísta corresponde el matrimonio monógamo. El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano. Esta estrecha relación entre eros y matrimonio que presenta la Biblia no tiene prácticamente paralelo alguno en la literatura fuera de ella.

    Jesucristo, el amor de Dios encarnado

    12. … La verdadera originalidad del Nuevo Testamento no consiste en nuevas ideas, sino en la figura misma de Cristo, que da carne y sangre a los conceptos: un realismo inaudito. Tampoco en el Antiguo Testamento la novedad bíblica consiste simplemente en nociones abstractas, sino en la actuación imprevisible y, en cierto sentido inaudita, de Dios. Este actuar de Dios adquiere ahora su forma dramática, puesto que, en Jesucristo, el propio Dios va tras la « oveja perdida », la humanidad doliente y extraviada. Cuando Jesús habla en sus parábolas del pastor que va tras la oveja descarriada, de la mujer que busca el dracma, del padre que sale al encuentro del hijo pródigo y lo abraza, no se trata sólo de meras palabras, sino que es la explicación de su propio ser y actuar. En su muerte en la cruz se realiza ese ponerse Dios contra sí mismo, al entregarse para dar nueva vida al hombre y salvarlo: esto es amor en su forma más radical. Poner la mirada en el costado traspasado de Cristo, del que habla Juan (cf. 19, 37), ayuda a comprender lo que ha sido el punto de partida de esta Carta encíclica: « Dios es amor » (1 Jn 4, 8). Es allí, en la cruz, donde puede contemplarse esta verdad. Y a partir de allí se debe definir ahora qué es el amor. Y, desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar (véase  http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20051225_deus-caritas-est_sp.html).

Pregunta 109: ¿Puede considerarse la Inquisición como un ejemplo de tolerancia y de amor a la paz del cristianismo? (TR)

Respuesta:
Para responder a esta pregunta citamos una serie de textos del segundo volumen del Catecismo de adultos publicado por la Conferencia Episcopal Alemana.

Abuso de poder en el nombre de Dios

Lo peor que puede hacerse para desprestigiar e injuriar el nombre de Dios es usar la violencia injustamente en el nombre de Dios. A lo largo de la historia se han cometido los hechos más abominables en su nombre. También la iglesia ha sucumbido a las tentaciones del poder. Aún en nuestro tiempo, cuando la iglesia presiona vigorosamente para que se reconozcan los derechos humanos, sigue sufriendo las consecuencias de las pesadas cargas del pasado relacionadas con la Inquisición.

La Inquisición es la institución más malinterpretada, pero también la más insultada. Su objetivo originario era proteger la unidad de la fe de la grave amenaza de los movimientos entusiastas y revolucionarios que se alejaban de la fe católica y que en el caso de los cátaros, por ejemplo, condujo a la creación de para-iglesias en la época medieval. En 1184, el Papa Lucio III y el rey Federico I (Barbarroja) llegaron a un acuerdo para perseguir a los herejes de acuerdo con la idea que entonces se tenía de la autoridad clerical y secular. La autoridad clerical tenía la tarea de erradicar e investigar (inquisition) los presuntos delitos (herejías), mientras que la autoridad secular se responsabilizaba del proceso judicial. La autoridad secular, que se consideraba protectora de la iglesia y que veía la insurgencia contra la fe cristiana como una amenaza contra la sociedad cristiana (res publica christiana), estaba extremadamente interesada en la persecución de los herejes y, posteriormente, presionó a la iglesia para que extendiera la inquisición. Los grandes teólogos estaban de acuerdo, como Tomás de Aquino (1225-1274) que, en su Summa Theologica, proporcionó la justificación teológica para perseguir y ejecutar a los herejes reincidentes (cf. S. th. II-II 11.3).

En los años siguientes, las diferentes instituciones responsables de cada país desarrollaron la inquisición de formas enormemente diferentes. Junto a los fanáticos defensores también había vigorosos adversarios de los abusos de esta institución, sobre todo durante la persecución de las brujas entre los siglos XV y XVIII (entre los adversarios podemos destacar la figura del jesuita Friedrich Spee [1591-1635]).

Fue trágico para la inquisición que el pensamiento de aquel tiempo desconociera aún el concepto de tolerancia, que hoy damos por supuesto, y que la finalidad originaria de una autoridad legal pacífica y justa se distorsionara y tergiversara en el torbellino del exceso y de  la histeria de las masas, y, finalmente, que los esfuerzos de cuerpos como la Inquisición de España, que intentó luchar contra el temor histérico de la gente a las brujas, no pudieran imponerse suficientemente. Con la abolición de la Inquisición (en 1821 en Portugal y en 1834 en España), llegó a su final un capítulo de la historia que aún sigue mencionándose como ejemplo del abuso de poder por parte de la Iglesia en el nombre de Dios.

Ni siquiera una ponderación del pasado que se atenga a los hechos y tenga en cuenta las diferencias entre las épocas históricas puede eliminar la consternación que sienten los cristianos por el abuso de poder que cometieron incluso importantes representantes de la Iglesia Católica y de la Iglesia Protestante en la persecución de las brujas. En un discurso pronunciado ante historiadores en 1955, el Papa Pío XII presentó un análisis exhaustivo de las relaciones entre la iglesia y el mundo, entre la fe y el conocimiento científico, y describió sus respectivos criterios (cf. Acta Apostolicae Sedis XLVII, 1995, 672-682). Además, el Papa Juan Pablo II dio un paso enorme al reconciliarse con el pasado rehabilitando a Galileo.

Durante una celebración en el San Pedro el 12 de marzo de 2000, el largamente anunciado Examen de conciencia al finalizar el siglo concluyó con una total aceptación de la culpa por la mala conducta de la Iglesia: el gran Mea Culpa. El papa pidió perdón por el papel de la Iglesia en la inquisición, la quema de herejes, las guerras de religión y los siglos de antisemitismo.

Recogemos aquí un fragmento de la confesión que puede encontrarse íntegramente en http://www.vatican.va/news_services/liturgy/documents/ns_lit_doc_20000312_prayer-day-pardon_sp.html

    ORACIÓN UNIVERSAL
     
    CONFESIÓN DE LAS CULPAS Y PETICIÓN DE PERDÓN 

    Monición de entrada 

    El Santo Padre: 

    Hermanos y hermanas,
    supliquemos con confianza a Dios nuestro Padre,
    misericordioso y compasivo,
    lento a la ira y grande en el amor y la fidelidad,
    que acepte el arrepentimiento de su pueblo,
    que confiesa humildemente sus propias culpas,
    y le conceda su misericordia.

    Todos rezan unos momentos en silencio.  

    I. CONFESIÓN DE LOS PECADOS EN GENERAL 

    Un Representante de la Curia Romana: 

    Oremos para que nuestra confesión y nuestro arrepentimiento
    estén inspirados por el Espíritu Santo,
    nuestro dolor sea consciente y profundo, 
    y, considerando con humildad las culpas del pasado 
    en una auténtica « purificación de la memoria », 
    nos comprometamos en un camino de verdadera conversión.

    Oración en silencio. 

    El Santo Padre:

    Señor Dios,
    tu Iglesia peregrina, 
    santificada siempre por ti con la sangre de tu Hijo, 
    acoge en su seno en cada época a nuevos miembros que brillan por su santidad 
    y a otros que, con su desobediencia a ti, 
    contradicen la fe profesada en el santo Evangelio.
    Tú, que permaneces fiel 
    aun cuando nosotros te somos infieles,
    perdona nuestras culpas 
    y concédenos ser entre los hombres 
    auténticos testigos tuyos. 
    Por Cristo nuestro Señor. 

    R.  Amén. 

    El Cantor:

     Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. 

    La asamblea repite: 

    Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison.

    Se enciende una lámpara ante el Crucifijo. 

    II. CONFESIÓN DE LAS CULPAS EN EL SERVICIO DE LA VERDAD 

    Un Representante de la Curia Romana: 

    Oremos para que cada uno de nosotros, 
    reconociendo que también los hombres de Iglesia, 
    en nombre de la fe y de la moral,
    han recurrido a veces a métodos no evangélicos 
    en su justo deber de defender la verdad, 
    imite al Señor Jesús, manso y humilde de corazón. 

    Oración en silencio. 

    El Santo Padre: 

    Señor, Dios de todos los hombres, 
    en algunas épocas de la historia 
    los cristianos a veces 
    han transigido con métodos de intolerancia 
    y no han seguido el gran mandamiento del amor, 
    desfigurando así el rostro de la Iglesia, tu Esposa. 
    Ten misericordia de tus hijos pecadores 
    y acepta nuestro propósito 
    de buscar y promover la verdad en la dulzura de la caridad, 
    conscientes de que la verdad 
    sólo se impone con la fuerza de la verdad misma. 
    Por Cristo nuestro Señor. 

    R. Amén. 

    R. Kyrie, eleison; Kyrie, eleison; Kyrie, eleison. 

    Se enciende una lámpara ante el Crucifijo. 

Pregunta 110: ¿Puede explicar el versículo de Mt 10,34 que dice: No penséis que he venido a traer paz a la tierra, sino espada? (TR)

Respuesta:
En Lc 2,34 se dice que Jesús es un signo de contradicción, es decir, que en su misión de ser luz para la humanidad se encontrará con la hostilidad y la persecución, también, y sobre todo, por parte de los miembros de su pueblo. Sin buscar la desunión, suscita la desunión y la hostilidad como consecuencia inevitable de su opción. Simeón, un hombre justo y piadoso, a quien había iluminado el Espíritu Santo (cf. Lc 2,25), dijo a María, la madre de Jesús, cuando lo presentó en el Templo: Mira, este niño [Jesús] está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y como signo de contradicción –¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!– a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones (Lc 2,34-35). Con otras palabras, María, la verdadera hija de Sión, experimentará por sí misma el sufrimiento que es el destino de su pueblo. Junto a su hijo se encontrará en el centro de esta paradoja, es decir, aquella situación en la que los corazones tienen que revelar su lealtad a favor de Jesús o en contra suya. La espada es el símbolo de esta paradoja.

Pregunta 111: ¿Por qué no habla del judaísmo? ¿Es el cristianismo en realidad una religión controlada por los judíos? (TR)

Respuesta:
Léanse las respuestas a las preguntas n. 83 y n. 102. Además, citamos el párrafo pertinente del recientemente publicado Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia (véase http://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/justpeace/documents/rc_pc_justpeace_doc_20060526_compendio-dott-soc_sp.html) que se basa en el documento conciliar Nostra aetate.

En la común tradición del Antiguo Testamento, la Iglesia católica sabe que puede dialogar con sus hermanos Hebreos, también mediante su doctrina social, para construir juntos un futuro de justicia y de paz para todos los hombres, hijos del único Dios. El común patrimonio espiritual favorece el conocimiento mutuo y la estima recíproca, sobre cuya base puede crecer el entendimiento para superar cualquier discriminación y defender la dignidad humana. Asimismo, en el n. 3 de Nostra aetate, la Iglesia exhorta a los cristianos y los musulmanes a que olvidando lo pasado, ejerzan sinceramente la comprensión mutua, defiendan y promuevan juntos la justicia social, los bienes morales, la paz y la libertad para todos los hombres. Ninguna religión ni persona de buena voluntad son excluidas de la invitación de la Iglesia a cooperar y dialogar con ella para lograr una mayor justicia y una paz más sólida en nuestro mundo. La doctrina social se caracteriza también por una llamada constante al diálogo entre todos los creyentes de las religiones del mundo, a fin de que sepan compartir la búsqueda de las formas más oportunas de colaboración, porque esta religiones tienen un papel importante en la consecución de la paz, que depende del compromiso común por el desarrollo integral del hombre (Compendio, n. 537).

Pregunta 112: Afirmáis que Jesús es el Hijo de Dios porque no tiene un padre humano. Adán, el antepasado de la humanidad, tampoco tuvo un padre. ¿Es, por eso, también Adán un Hijo de Dios? (TR)

Respuesta:
La Iglesia cree y proclama que Jesús de Nazaret es el Hijo de Dios. En la pregunta y la respuesta n. 50 explicamos cómo llegó la Iglesia a esta convicción de fe.

En el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica se explica del siguiente modo el credo de la Iglesia con relación a Jesucristo:

    94. ¿Qué significa la expresión «concebido por obra y gracia del Espíritu Santo»?

    Que Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo significa que la Virgen María concibió al Hijo eterno en su seno por obra del Espíritu Santo y sin la colaboración de varón: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti» (Lc 1, 35), le dijo el ángel en la Anunciación.

    95. «...Nacido de la Virgen María...»: ¿por qué María es verdaderamente Madre de Dios?

    María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre de Jesús (Jn 2, 1; 19, 25). En efecto, aquél que fue concebido por obra del Espíritu Santo y fue verdaderamente Hijo suyo, es el Hijo eterno de Dios Padre. Es Dios mismo.

    98. ¿Qué significa la concepción virginal de Jesús?

    La concepción virginal de Jesús significa que éste fue concebido en el seno de la Virgen María sólo por el poder del Espíritu Santo, sin concurso de varón. Él es Hijo del Padre celestial según la naturaleza divina, e Hijo de María según la naturaleza humana, pero es propiamente Hijo de Dios según las dos naturalezas, al haber en Él una sola Persona, la divina.

El Corán y la Biblia nos hablan de la creación de la primera pareja, Adán y Eva, aunque el Corán no menciona el nombre de la esposa de Adán. Todos los textos relevantes dejan muy claro que Adán y Eva solo eran seres humanos; además, unos seres humanos que pecaron y necesitaron el perdón de Dios. Jesús, por otra parte, no tuvo pecado.

Pregunta 113: Los Evangelios nos dicen que Jesús maldice a la higuera porque no tenía higos. ¿Qué tipo de cuidado amoroso es éste? Y, ¿cómo puede Jesús, a quien consideráis el Hijo de Dios, tener hambre? (TR)

Respuesta:
Esta pregunta se refiere a la perícopa de Mt 21,18-22.

Según la fe de la Iglesia, Jesús era plenamente Dios y plenamente hombre. En su vida humana en la tierra era como cualquier otro ser humano, excepto que no tenía pecado. Este dato es confirmado por todos los Evangelios del Nuevo Testamento. Con agua y, tal vez, con abono suficiente, una higuera puede dar también fruto en un terreno pobre y pedregoso; una higuera estéril es, por consiguiente, considerada, con toda justicia, un verdadero fastidio (Lc 13,6-9).

Ahora bien, el texto bíblico en cuestión no es un milagro de castigo –¿cómo podría castigarse a una planta?–, sino que es un signo de acción. Las acciones que Jesús había realizado en el Templo, que se describen en los versículos inmediatamente previos (Mt 21,12-17), deben interpretarse como la condena de Israel. Jesús se acercó a la higuera que estaba plantada en su camino con la esperanza de encontrar higos para comer. La referencia al hambre de Jesús tiene el objetivo de explicarnos el interés que manifiesta por el árbol.  Pero, aunque tiene hojas, no encuentra ningún fruto. Lo lógico es que se hubiera encontrado al menos con los brotes del fruto, que sirven de alimento. La severidad de la maldición y la inmediata marchitez del árbol muestran que se trata de un signo profético que se refiere a algo que va más allá del vegetal apuntando a un tipo más triste de marchitez. Por consiguiente, el milagro no tiene nada que ver con la frustración de no comer, sino que, más bien, se refiere a Israel (véase, especialmente, 21,43; 22,3.23). A pesar de sus signos exteriores, Israel no tenía fruto. La marchitez de la higuera es una palabra y una condena apocalípticas que se cumplirán con la destrucción de Jerusalén y de su Templo (cf. Lc 13,6-9: la parábola de la higuera tiene el mismo sentido simbólico que el signo de acción en nuestro caso. Con respecto a la higuera estéril como símbolo de Israel, véase también Jr 8,18; Miq 7,1; Is 5,1-8; Os 8,10.16).

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