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Pregunta 32: Hasta 1960 todos los católicos tenían que orar en latín, así como los musulmanes lo hacen en árabe. Los protestantes abandonaron el latín en el siglo XVI. Si era un error, ¿por qué la Iglesia Católica esperó tanto tiempo? Si era correcto, ¿por qué se ha dejado de usar esta lengua que promovía la unidad? (TR)
Respuesta: Tanto Jesús como sus discípulos, al igual que las primeras comunidades cristianas de Palestina, oraban en arameo. Los textos bíblicos se escribieron en hebreo y en griego. La autenticidad y unidad de la fe cristiana no dependen del uso de una lengua. El Espíritu Santo, según de la fe de la Iglesia, está siempre activo en ella, posibilita y facilita su unidad, y mediante él la fe cristiana, gracias a la multitud de lenguas y culturas, se mantiene en todo tipo de regiones y en todos los tiempos. En la oración personal, cada cristiano ora en aquella lengua que le es propia. La lengua de las celebraciones litúrgicas de la comunidad cristiana y de las iglesias ha cambiado y se ha adaptado constantemente, según la fe se extendía en diferentes culturas y diversas épocas. En el oriente, por ejemplo, existieron y aún se mantienen las siguientes lenguas eclesiásticas: arameo, sirio, copto, geez (es decir, etíope); armenio, eslavo, rumano, etc.
Por razones sociológicas, dado que los cristianos eran en su mayor parte de fuera de Palestina, de procedencia humilde, la lengua predominante, que también era la lengua oficial de la liturgia de las comunidades cristianas del oriente y el occidente del Imperio Romano durante los dos primeros siglos, no era el latín, sino el griego koiné. A finales del siglo II fue progresivamente desplazado por el latín. Desde mediados del siglo III, por ejemplo, todas las inscripciones de los sepulcros cristianos de Roma aparecen en latín. En el siglo IV, la lengua latina se impuso para la celebración de la misa en el Imperio Romano occidental. Al final de este siglo, Jerónimo realizó una traducción estándar de la Biblia (la denominada versio vulgata). Ya desde tiempos de Tertuliano (que murió ca. 230) existía una literatura cristiana en latín que fue usado cada vez más por los padres de la iglesia latina tras la victoria política del cristianismo. La lengua latina sobrevivió a la caída del Imperio. Aunque nadie la denominó lengua materna después del comienzo del imperio de los carolingios, se mantuvo como una especie lengua paterna adaptable y, por tanto, viva, para los asuntos relacionados con la cultura, la administración, la ciencia y la alta literatura. En Europa era utilizada por un pequeño grupo de gente formada en latín que eran llamados los clerici. Sin embargo, puede atribuírsele el mérito de haber sido la causa de la relativa unidad y el sentido de pertenencia a una cultura occidental.
Encontramos traducciones en alemán de textos y oraciones fundamentales que proceden de época medieval (por ejemplo, la oración del Señor, el credo, las fórmulas matrimoniales, etc.). Con el uso de la lengua vernácula, la Reforma cuestiona la práctica católica del uso del latín, aunque en algunas regiones protestantes se siguió utilizando como lengua litúrgica. Al mismo tiempo, el alemán de Lutero y el inglés de Th. Cranmer llegaron a sacralizarse. La Iglesia Católica respondió a los reformadores sosteniendo que la misa tenía que celebrarse en latín. En el siglo XVIII se prescribe el uso obligatorio del latín para quienes presiden las celebraciones litúrgicas. La lengua vernácula se permitía para otros textos, especialmente los himnos. En el siglo XX fue adquiriendo cada vez más importancia el uso de la lengua vernácula. A partir del Concilio Vaticano II (1962-1965) y las reformas litúrgicas resultantes, la celebración de la misa también llegó a realizarse en lengua vernácula. Se tradujeron del latín los textos litúrgicos y fueron autentificados por la autoridad romana.
Pregunta 33: ¿Qué significado tienen las 12 estrellas de la bandera europea? (TR)
Respuesta: Aunque la Unión Europea se incrementó con 10 nuevos Estados el día 1 de mayo de 2004, su bandera seguía siendo la misma. También en el futuro habrá solamente 12 estrelladas doradas sobre el cielo azul marino del mundo occidental. A diferencia de la bandera norteamericana, las estrellas no son meros símbolos de los Estados miembros. El mítico número 12 también significa perfección, totalidad y unidad. La bandera europea, de la que se habla en el capítulo IV/1 del Tratado, se vincula, por consiguiente, con las 12 tribus de Israel, los 12 apóstoles, los 12 meses del año y las 12 horas del reloj. La visión de que los europeos constituyen un grupo excepcional, casi elegido, se encuentra así corroborada, sutil pero potentemente, en su bandera. La corona de las doce estrellas doradas, que representan a los pueblos de Europa, alude a la tradición de los grupos elegidos en la historia judeo-cristiana. Israel contaba con 12 tribus, Jesús con 12 apóstoles y la Jerusalén celeste tiene 12 puertas. Las doce estrellas dispuestas en forma de corona se asemejan a las de la corona de la mujer del Apocalipsis. En efecto, en Ap 12,1-2 leemos: Apareció un gran signo en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. Estaba en cinta y gritaba con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Dependiendo de la interpretación, la corona de doce estrellas se refiere al Mesías, al pueblo de Dios o al nuevo comienzo de la historia. La bandera incluye la promesa de la salvación y el hecho de la elección.
Fue introducida por el Consejo de Europa en 1955, adoptada por el Parlamento en 1983 y desde 1986 es utilizada por todas las instituciones europeas. La Unión Europea no sería tal unión si no hubiera regulado claramente el diseño de su bandera. Según un manual ilustrado de la UE: Cada estrella tiene cinco rayos cuyas puntas forman un círculo redondo invisible que tiene un radio de 1/18º que toca la altura del rectángulo. El emblema europeo ha conseguido desde entonces una aceptación general. No sólo ondea frente a muchos edificios gubernamentales, sino que también decora los paquetes de pasta italiana y las matrículas de los coches. Así pues, la bandera contribuye a crear un sentido de identidad específicamente europea.
Pregunta 34: ¿Dónde aparece y qué es la cristiandad y por qué se necesitó este concepto? (TR)
Respuesta: La lengua inglesa conoces dos palabras afines y relacionadas: Christianity (cristianismo) y Christendom (cristiandad). Los dos términos pueden usarse en inglés como sinónimos de cristianismo, o bien se reserva el de cristiandad para referirse específicamente a aquellas zonas del mundo donde predomina la religión cristiana. La lengua alemana también conoce los dos términos: Christentum y Christenheit. El vocablo Christentum equivale más o menos al inglés Christianity, es decir, la religión que procede de Jesucristo, se fundamenta en la Biblia y que está dividida en tres grandes ramas, la ortodoxia, el catolicismo y el protestantismo. El término Christenheit no es un sinónimo exacto del inglés Christendom, pero es similar. Se refiere a la totalidad de grupos e instituciones que están dedicados a la fe cristiana o que han sido configurados en gran parte por ella. En sentido restringido, el término Christendom se refiere a la realidad del domino cristiano del mundo en el período medieval, es decir, el período de la historia de Europa que se inició con Constantino. El período medieval cristiano, es decir, la época de Christendom, estuvo caracterizado por una íntima relación entre el gobierno secular (lat. imperium) y la iglesia jerárquicamente estructurada (lat. sacerdotium). Sin embargo, incluso en estos períodos en que los poderes estaban más íntimamente unidos, se veían, no obstante, como diferentes.
Pregunta 35: ¿Qué es la fraternidad de la Rosacruz? (TR)
Respuesta: Según la doctrina de esta fraternidad, el vínculo de la rosa con la cruz es el símbolo de la resurrección y la salvación. Los adeptos de esta Orden del Amanecer Dorado llevaban en su pecho una rosacruz compuesta de 22 de pétalos de diferentes colores. Los 22 pétalos simbolizaban las 22 letras del alefato hebreo y los 22 senderos que conducen al árbol de la vida, que unían las diez sefirot entre sí. Los pétalos podían usarse para crear figuras geométricas que representaban cualquier fuerza mental y psíquica. El nombre se transcribía inicialmente en hebreo y, a continuación, se trazaba una forma que podía usarse para unir todas las letras del nombre si se escribía dentro de la rosa.
Según la leyenda, Christian Rosenkreuz (1378-1848) fue el fundador de esta fraternidad secreta que lleva su nombre. Actualmente se piensa que este personaje fue inventado por J. V. Andreae (1586-1654). La idea de que pudo existir una fraternidad secreta que puede remontarse hasta el momento en que se unieron la rosa y la cruz, sigue viva incluso en nuestro siglo (la Orden del Amanecer Dorado). En el siglo XVIII, los rosicrucianos se apoyaron en esta leyenda. Sin embargo, podemos decir con total certeza que esta orden no existía antes del siglo XVII.
La idea de esta fraternidad surgió del anhelo de un grupo de protestantes interesados en una segunda reforma más global. En sus últimos años, Andreae se distanció de sus primeros escritos, que interpretó como una sátira contra el entusiasmo emocional alquimista-teosófico de los magos, los astrólogos y los sectarios de su tiempo. Pero como ya había penetrado socialmente la idea de su existencia, notables eruditos de su época comenzaron a hacer sus investigaciones sobre esta fraternidad, que seguía manteniéndose esquiva.
Algunos especialistas han considerado que estos esfuerzos constituyeron la fuerza rectora de la revolución científica del siglo XVII. En estas fraternidades secretas se desarrollaron formas alternativas de pensamiento que pondrían fin a la cosmovisión medieval e impulsaron otros modos de explicar el mundo.
Sus miembros eran espíritus libres que querían descubrir los secretos de la naturaleza. En su empresa descubrieron nuevas características y fuerzas en la naturaleza que no se ajustaban a la cosmovisión dominante hasta entonces y por eso catalogaron su pensamiento con el término oculto. Los elementos místicos y mágicos de esta forma de pensamiento se perdieron progresivamente cuando se multiplicaron los experimentos para estudiar los secretos de la naturaleza y para comprenderlos mejor.
Pregunta 36: ¿Por qué gran parte del pensamiento cristiano tiene que ver tanto con la cábala y el gnosticismo? (TR)
Respuesta: El término cábala deriva de la palabra hebrea que significa tradición histórica. Describe un sistema de teosofía judía que creía que, mediante la aplicación de un método esotérico de interpretar el Antiguo Testamento, producía unas enseñanzas secretas que eran transmitidas a quienes se iniciaban en el movimiento, como, por ejemplo, que el mundo había sido creado por emanación del ser divino. Se trata de un desarrollo de tendencias relacionadas con el gnosticismo. Alcanzaron la cumbre de su influencia en el período medieval y durante el Renacimiento. Durante los siglos XV y XVI llegó a popularizarse una forma cristiana de estas enseñanzas, siendo sus principales representantes Reuchlin y Paracelso. Esta versión cristiana afirmaba que podía aplicar sus métodos y perspectivas específicas para explicar los misterios de la Trinidad, la redención (salvación) y la divinidad de Jesucristo. La doctrina de la Iglesia Católica se ha mantenido firmemente distanciada de estos puntos de vista y tendencias.
Pregunta 37: ¿Quién es la Virgen Negra? (TR)
Respuesta: La pregunta se refiere a la Virgen negra de Czestochowa, es decir, al icono pintado en madera de limero que se encuentra en el famoso lugar de peregrinación al norte de Cracovia, en Polonia. Probablemente, su oscurecimiento se debe al humo de las velas encendidas en torno a la imagen milagrosa a lo largo del tiempo.
En 1382, el príncipe Ladislao de Oppeln fundó un monasterio en la ribera de Jasna Góra. En 1384, regaló al monasterio una imagen de María con el niño pintada al estilo de los iconos bizantinos con témpera sobre una madera de limero; esta imagen sería la Virgen negra. A partir del siglo XV, Jasna Góra se convirtió en el lugar de peregrinación más popular de Polonia. Desde el siglo XVII se ha venerado a María en este lugar como la Reina de Polonia.
Desde el punto de vista católico, la veneración de la madre de Jesús encuentra una base firme en el mismo Nuevo Testamento. Para los ortodoxos y católicos, María es símbolo de la fe. En ella se renueva la encarnación de Dios en Jesucristo y se hace visible el amor de Dios a la humanidad. El himno de Lc 1,42-45 y 46ss., alaba a María por su singular elección por parte de Dios y por su respuesta obediente de fe (Lc 1,38), es decir, por su buena disposición virginal a recibir la palabra de Dios no solamente en su seno, sino, ya antes, en su corazón. Por esta doble maternidad, María se convierte para la iglesia (Jn 19,27; Hch 1,4) en arquetipo y en abogada y guía solícita (Jn 2,3-5) para todos los que escuchan la palabra de Dios, la aceptan, la meditan en su corazón (Lc 2,19.51) y la obedecen, adquiriendo así su forma Cristo y los que con él llegan a ser hijos de Dios (Gal 4,19).
El II Concilio de Nicea (787) permite que se veneren (en griego, timé) las imágenes de Cristo y de María, pero distinguiéndolas estrictamente del culto (en griego, latreia) que se debe exclusivamente a Dios.
Pregunta 38: ¿Quién es el rey que, según la Biblia, vio en sueños una estatua cuya cabeza era de oro puro, su pecho y brazos eran de plata, su vientre y muslos de bronce, sus piernas de hierro y sus pies una mezcla de hierro y barro (Dn 2,32-33)? ¿Cómo interpreta los cuatro reinos de los que habla el libro de Daniel? ¿Va a ocurrir tal como predijo este profeta? (TR)
Respuesta: El libro de Daniel tiene dos partes principales.
La parte narrativa, que describe lo que ocurre a Daniel y a sus compañeros bajo el gobierno de los reyes babilónicos Nabucodonosor (1-4) y Baltasar (5), como también bajo el mandato de Darío (6), el rey de los medos. En esta parte encontramos el rechazo a comer carne impura (1), la interpretación acertada que Daniel hace del sueño de Nabucodonosor (2), la liberación milagrosa del horno (3), la locura de Nabucodonosor (4), la escritura sobrenatural sobre el muro (Mené, Téquel y Perés) durante el banquete de Baltasar (5) y la liberación de Daniel del foso de los leones (6).
Una serie de visiones que Daniel tiene durante los reinados de Baltasar (7 y 8), Darío, el rey de los medos (9) y Ciro (10-12), en las que profetiza el futuro del pueblo judío. Varias partes de estos últimos capítulos presentan todas las características de la literatura apocalíptica.
La tesis tradicional, según la cual el libro de Daniel fue escrito en el siglo VI a.C. por Daniel, un judío exiliado en Babilonia, se ve actualmente desacreditada por insostenible. Una serie de errores históricos en el texto hace imposible creer que el libro fuera escrito en el período del exilio. Las posiciones doctrinales del texto y su vocabulario (encontramos incluso términos específicamente griegos), como también el lugar que ocupa en el canon general del Antiguo Testamento, también remiten a una fecha bastante posterior. Los exégetas contemporáneos están de acuerdo en que el libro se escribió entre los años 168 y 165 a.C. Siguiendo esta hipótesis, podemos decir que la finalidad del libro era animar y fortalecer a los lectores durante la persecución de los judíos por Antíoco Epífanes (rey de Siria, 175-163 a.C.). La sección 2,4-7,28 no está escrita en hebreo, sino en arameo.
En el Nuevo Testamento sólo se cita explícitamente el libro de Daniel en un texto, concretamente con referencia a la horrenda abominación (Dn 9,27) en Mc 13,14 y par. Pero sus doctrinas se retoman y se desarrollan en muchas otras partes del Nuevo Testamento, por ejemplo, la repetitiva referencia al Hijo del hombre (Dn 7,13), la creencia en los ángeles, que sirven de intermediarios entre la humanidad y el Dios trascendente, y, sobre todo, la doctrina de la resurrección de los muertos (Dn 12,2).
Con respecto a Dn 2,29-45 podemos decir brevemente lo siguiente. Esta sección contiene la primera de las alegorías del libro de Daniel, la misteriosa sucesión de los grandes imperios históricos (neobabilónico, medo, persa y griego, como heredero del reino asiático de Alejandro Magno). Según las antiguas especulaciones sobre las eras del mundo, las alegorías se construyen mediante alusiones a metales de valor decreciente; se concluye, finalmente, con la llegada de la era mesiánica. Todos los reinos de la tierra sucumben para dar paso al nuevo reino, al reino eterno de Dios (véase Mt 4,17). Jesús, que habla de sí mismo como el Hijo del hombre (véase también Dn 7,13 y Mt 8,20), también se aplica en primer lugar la imagen de la piedra desechada del Sal 118,22 (véase también Mt 21,42-44; Lc 20,17-18), y de la piedra de Is 28,16 con su clara alusión a la que se desprenden de la montaña y destruye todo cuanto se levanta sobre la base donde cae. Véanse también los vv. 34.44-45 del capítulo segundo de Daniel.
Pregunta 39: ¿Por qué una gran parte de los Evangelios (supongo que se quiere decir de la Biblia) se lee como un libro de historia? (TR)
Respuesta: Digamos en primer lugar (basándonos en el catecismo titulado Katholischen Erwachsenen Katechismus, pp. 38s.) unas palabras sobre la concepción cristiana de la revelación. Desde el comienzo del mundo, Dios se ha revelado a través de la creación, en particular a través de la conciencia humana y la intervención del hombre en la historia. Existe, por tanto, una historia general de la revelación de Dios. El Vaticano II enseña: Ya desde la antigüedad y hasta el momento actual, se encuentra en los diferentes pueblos una cierta percepción de aquella fuerza misteriosa que está presente en la marcha de las cosas y en los acontecimientos de la vida humana, y a veces también el reconocimiento del Ser Supremo e incluso del Padre… (Nostra Aetate, n. 2).
Pero Dios no quiere revelarse solamente al individuo, sino también en la sociedad y en la historia. Quiere congregar a la humanidad en un pueblo y hacerlo a la luz de todos los pueblos (véase también Is 42,6). Así pues, porque existe una historia general de Dios y el hombre, existe también una historia específica de la revelación de Dios. En esta historia, Dios mismo se da a conocer en ciertas ocasiones y en ciertos lugares a ciertas personas de un cierto modo. Esta revelación específica comienza con la llamada de Abrahán y los patriarcas. Con la congregación de Israel y su liberación de Egipto, la historia entra en una nueva fase. Mediante los profetas, Israel aprende más sobre Dios y se prepara para la revelación final en Cristo Jesús.
Muchas veces y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas. En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio del Hijo a quien instituyó heredero de todo, por quien también hizo el universo (Heb 1,1-2).
La Biblia (que procede del término griego biblos = libro) es Sagrada Escritura para los cristianos. En ella se recogen las experiencias que la humanidad ha tenido a lo largo de su historia con Dios a través de su revelación mediante palabras y hechos.
La Biblia, que está formada por el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, es, por consiguiente, similar a la Carta de la Alianza que Dios hizo con la humanidad. Dado que la palabra hebrea berit (alianza) se tradujo al latín por testamentum, las Sagradas Escrituras judías (Corán: at-taurât) se denominaron Antiguo Testamento y a las cartas de los apóstoles y los Evangelios (Corán: indschîl) se les llamó Nuevo Testamento.
El Antiguo Testamento contiene la historia del pueblo de Israel con Dios (usamos generalmente el término abreviado Israel, pero entiéndase que con este término NO nos referimos al moderno Estado de Israel); en sus diversos escritos y tipos de literatura, incluyendo la literatura histórica, refleja la existencia creyente de un pueblo que está seguro de la alianza que Dios ha hecho con él y que, a lo largo de los siglos, experimentó una y otra vez la gracia salvífica de Dios.
El Nuevo Testamento nos da el testimonio de la experiencia que los discípulos y la iglesia primitiva tuvieron de Jesucristo. Los escritos del Nuevo Testamento son testimonios de la fe en Jesucristo. Son testimonios sobre él como el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento.
Los autores del Nuevo Testamento entienden el Antiguo Testamento como un testimonio de la acción del mismo Dios a quien Jesús proclama. Y tienen razón al hacerlo, pues Jesús era un judío; su fe era la fe judía, la fe de los padres. Ven el Antiguo Testamento como una antología de textos que refleja la especial relación de Dios con su pueblo elegido, y, por tanto, también como el Libro de las Promesas que se han cumplido en Jesucristo. Esta es la fe cristiana, y por esta razón los cristianos creen que los dos Testamentos están unidos.
La Biblia es una colección general de escritos que reflejan la vida religiosa y la fe del pueblo elegido por Dios, y al que, por consiguiente, han contribuido numerosas personas y comunidades. El Antiguo Testamento se fue formando a lo largo del I milenio a.C.; el Nuevo Testamento durante el siglo I d.C. Precisamente, este largo período de creación constituye un notable testimonio del poder de la palabra de Dios: Tras encontrarlo, personas de los más diversos orígenes y con diferente formación han intentado, una y otra vez, proclamar a los demás la Palabra de Dios como la fuerza vital que da fortaleza permanentemente, cada uno en su propia época, con sus estilos de vida diferentes y en sus respectivas circunstancias sociales y políticas.
Pregunta 40: ¿Por qué los clérigos cristianos y los rabinos judíos han desarrollado una escritura codificada? (TR)
Respuesta: Nunca he oído hablar seriamente de la existencia de este tipo de escritura.
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