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Pregunta 66: ¿Existen actualmente o ha habido alguna vez en la historia del islam algunos movimientos que hayan admitido o admitan el valor del celibato? (AL)
Respuesta: El Corán se decanta a favor del matrimonio (24,32). Aunque, en general, alaba a los monjes, sin embargo, tiene sus reservas sobre el celibato (57,27). La tradición islámica también conoce el dicho en el islam no hay monjes o no existe el celibato en el islam (en la colección de hadits de Abu Dawûd). Según la tradición, Mahoma dijo a un musulmán que no quería casarse y no tenía una razón admisible que lo justificara: ¡Así que has decidido ser contado entre los hermanos del mal! O bien quieres ser un monje cristiano y deberías unirte a ellos o ser uno de los nuestros y seguir nuestro camino, y nuestro camino es el matrimonio.
A pesar de estas y otras expresiones semejantes, algunos ascetas o sufíes han elegido una vida célibe. Los casados, no obstante, resaltaban las ventajas del celibato y las dificultades que el matrimonio y la familia representaban para un asceta. Se comentaba que el hombre casado ve amenazada su paz interior y que tiene más dificultades en su busca del rostro de Dios por las preocupaciones familiares. Por esta razón, algunos ascetas deseaban liberarse de estos vínculos. En algunos casos llegaba a aceptarse incluso que abandonaran esposas y familia para dedicarse exclusivamente a sus devociones. De vez en cuando, numerosos musulmanes han vivido célibes durante un tiempo, lejos de sus familias, para buscar más intensamente la cercanía de Dios (taqarrub bi Allah, cf. 56,7-11; 88-94). La sura 3,45 afirma que Jesús es uno de los que estarán entre aquellos más cercanos a mí. Además, existen movimientos contemporáneos como la Tablighi Jamaat (literalmente, comunidad de predicación), un importante movimiento misionero mundial, que llama a sus miembros a dejar sus familias durante un promedio de un mes al año para viajar libremente y llevar a cabo su labor misionera.
Algunos ascetas entendían que dar la espalda al mundo significaba apartarse de toda compañía. En la soledad buscaban la paz que les facilitara realizar sus devociones. Estaban convencidos de que la compañía de los demás solamente les llevaría a realizar actividades exteriores y les conduciría a estar más cerca de los pecadores. En la plenitud de su vida, el asceta viviría su existencia como si estuviera solo ante Dios y como si nadie más existiera. Ciertamente, estas perspectivas y actitudes están influidas por escuelas de pensamiento preislámicas o no islámicas que son hostiles al mundo y/o al cuerpo (cf. Tor Andrae, Islamische Mystik, Kohlhammer, Stuttgart 1980, pp. 56-58; hemos sintetizado aquí en gran parte la última contribución bajo la voz asceta realizada por Th. A. Khoury en la obra editada por él, conjuntamente con Hagemann y Heine, Islam-Lexicon, vol. I,, pp. 85s.).
La virginidad de María, la madre de Jesús, tal como la presenta el Corán, puede ayudar a los musulmanes a entender el celibato. El Corán enseña que María, cuyo cuerpo era casto, es un ejemplo y un modelo para los creyentes (cf. 66,11-12). Jesús es un profeta y es Palabra y Espíritu de Dios; María es una temerosa de Dios, una mujer piadosa, que pertenece a quienes sirven humildemente [a Dios] (min al-qanitin, 66,12), es decir, con otras palabras, como mujer que confía completamente en el mensaje de Dios y como una mujer auténtica (siddiqa, 5,75). El Corán la describe como alguien que se retiró del mundanal ruido a un lugar solitario, donde pudo concentrarse en la oración (cf. 19,16-17). El gran colector de hadits al-Timidhi (que murió en 892) comentaba esta última referencia del Corán en los siguientes términos: A María se le pidió que viviera en un estado de oración interior o en la oración de la invocación de Dios (dhikr), al tiempo que centraba su corazón solamente en Dios. Así, él lo llenaría de a mor y su alma se vería totalmente colmada por él para protegerla. Y así impediría el decaimiento y la dispersión de los deseos piadosos de María. A María se le pidió vivir en un estado de oración y paz interior, en la búsqueda de la gloria de Dios, completamente deseosa de permanecer en él.
Según el Corán, Dios hace de María un modelo para todos los creyentes. Los cristianos que, como ella, mantienen su castidad, siguen su ejemplo por su misma actitud de consagración a Dios. La explicación que Al-Timidhi hace de la oración interior de María es una buena descripción de aquello a lo que aspiran e intentan seguir las congregaciones contemplativas cristianas. Otras congregaciones cristianas que se esfuerzan por ser contemplativas en la acción tienen el mismo ideal y el mismo objetivo que María. Con palabras de Timidhi: buscar sin cesar la gloria de Dios y esforzarse cuanto sea posible por mantenerse en esto.
Por consiguiente, podemos decir que el valor de la soltería y la virginidad elegido por razones religiosas por aquellos que intentan ir más allá de lo que la ley les exige y que luchan por conseguir el amor íntimo de Dios –aquellos de quienes dice el Corán que son min al-muqarrabin, no resulta extraño a la tradición islámica. Los primeros sufíes animaban a sus discípulos a vivir sin casarse. Algunos llegaron a considerar incluso que la soltería era un estado de vida superior al matrimonio, en cuanto que la primera está dedicada a Dios y prepara especialmente a la persona para el islam, es decir, que le ayuda a dedicarse exclusivamente a Dios. En su obra maestra Ihya ulum al-din, al-Ghazali (que murió en 1111) cita al sufí a-Darani cuando dice: La dulzura de la adoración y de la devoción ininterrumpida del corazón, que el no casado puede sentir, nunca puede sentirlo el casado (cf. Thomas Michel, The vows of religious life in an islamic context, Encounter 132 [1987]). El famoso reformador Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897) y maestro de Muhammad Abduh (1849-1905) nunca se casó. A lo largo de su activa e intensamente dinámica vida que le llevó a todos los rincones del mundo islámico, muchos discípulos y líderes que le admiraban le ofrecieron la mano de sus hijas en matrimonio. Al-Afghani siempre respondía diciendo: La umma (comunidad islámica) es mi esposa. Puede compararse esta afirmación a uno de los argumentos o motivaciones importantes del celibato cristiano: la determinación de dedicarse completa y exclusivamente a la comunidad cristiana o a la iglesia, que el creyente contempla como el cuerpo místico de Jesucristo crucificado y resucitado. No debería olvidarse que las restricciones en el campo de las relaciones sexuales forman también parte integral de algunos actos fundamentales del culto islámico. El ramadán no sólo significa abstenerse de alimento y bebida, sino también de cualquier actividad sexual durante el tiempo del ayuno. El tiempo sagrado del ihram, durante la peregrinación a la Meca (hadsch), también exige una completa, si no limitada, abstención de toda actividad sexual. Lo que queremos decir con esto es que los musulmanes se abstienen del sexo durante estos tiempos sagrados no porque lo consideren malo, degradante o indigno, sino porque Dios les ha llamado a que se nieguen esta legítima actividad para que puedan centrar su atención y sus corazones puramente en Dios.
En suma, podemos decir que aunque el islam resalta el valor y la bondad de la vida familiar, hay elementos en él que pueden ayudar a que los musulmanes entiendan la promesa de una vida virginal dedicada a Dios que algunos cristianos hacen. A algunos, tal vez los que tienden al debate y la controversia, les parece que esta posible opción de vida cristiana es antinatural y contraria a la revelación divina. Muchos otros musulmanes, por otra parte, sólo sienten una simple curiosidad. Les gustaría, sinceramente, comprender la motivación que subyace tras la opción cristiana por el celibato, porque sienten una natural afinidad con las personas dedicadas a Dios. Las preguntas que estos musulmanes hacen no pueden ni deben responderse a nivel puramente teórico; el ejemplo y el testimonio de una vida real dedicada solamente a Dios, según las virtudes evangélicas de la pobreza, la castidad y la obediencia, hablan con mayor claridad que las meras palabras.
Pregunta 67: En el capítulo 9 de su libro habló de la teología de la liberación. ¿Qué significa y quiénes son sus exponentes? (AL)
Respuesta: En muchos países del mundo la gente ya no está dispuesta a aceptar sus condiciones de vida como un destino inalterable, especialmente porque las estructuras injustas que provocan la opresión, el analfabetismo, el abandono, la desesperanza y la desesperación, son responsabilidad del ser humano y pueden ser cambiadas por él.
Por consiguiente, algunas personas entienden que su resistencia es un medio para liberarse de estas estructuras y sistemas injustos, que han sido contaminados por la injusticia personal, la corrupción, el despilfarro, la lucha por el poder y el desprecio hacia la vida humana, hasta el punto de que estas mismas estructuras se han convertido en una especie de pecados sociales. Algunos de los movimientos de liberación que surgieron en las recientes décadas luchan por un cambio violento mediante la revolución. Otros quieren lograr el cambio mediante reformas. Otros, sobre todo las comunidades cristianas de bases, fundamentan sus puntos de vista en una determinada teología de la liberación y en una especial opción por los pobres. Basándose en ello, ofrecen solidaridad y apoyo para reducir la pobreza y las necesidades y lograr un cambio en las estructuras, las instituciones y los sistemas a través de diversos medios.
La teología de la liberación comienza preguntándose cómo es posible hablar del amor de Dios y de su solicitud por los pobres en medio del inconmensurable sufrimiento de los pobres de América Latina y cómo es posible vencerlo mediante una unión de voluntades. Estos son los motivos fundamentales de la teología de la liberación. Con su opción preferencial por los pobres, la Conferencia Episcopal Latinoamericana asumió un compromiso capital con la teología de la liberación en el Sínodo General de Medellín en 1968. El Papa Pablo VI señaló que, en cierto nivel, los términos liberación y salvación pueden entenderse como sinónimos: El término liberación merece tener su lugar en el vocabulario cristiano, no sólo por su expresividad, sino por el contenido que en él subyace (Alocución del 31 de julio de 1974). El Papa Juan Pablo II habla especialmente de la teología latinoamericana, que eleva la liberación a una categoría básica y a un principio orientador para la solución de los problemas del sufrimiento y el subdesarrollo.
Según la doctrina católica, está totalmente justificado que quienes sufren la opresión a manos de los que detenta la riqueza y el poder político, apliquen los medios moralmente aceptables para lograr aquellas estructuras e instituciones en las que se respeten verdaderamente sus derechos (Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe sobre la libertad cristiana y la liberación, 22 de marzo de 1986, pp. 75ss.). El juicio moral con respecto a qué acciones concretas están permitidas en estas duras situaciones, debe centrarse en la dignidad y la libertad humanas. Porque si los derechos a la libertad no se respetan desde el principio, no puede darse una verdadera liberación.
Además, debe tenerse en cuenta que el mandamiento del amor al prójimo no puede reconciliarse con el odio a los demás, tanto a individuos como a comunidades. Según el espíritu evangélico, la liberación permite llegar a la conclusión de que alguien crea que la única resistencia legítima contra la violencia injusta es la resistencia pacífica. Ésta hace posible mostrar que sólo el amor conduce a la verdadera libertad, mientras que la violencia sólo engendra más violencia. También es posible pensar en la resistencia pacífica como una estrategia, tal como en la historia reciente la han mostrado de forma ejemplar personajes como Mahatma Gandhi y Martin Luter King. El éxito de esta vía depende de si quienes tienen el poder son capaces y están dispuestos a cambiar las injustas circunstancias.
Debe preferirse cualquier tipo de reforma estructural e institucional a una revolución (sangrienta) como camino o vía hacia la liberación de la violencia injusta, especialmente en nuestra época, en la que las revoluciones están, por lo general, vinculadas con ideologías y desembocan en nuevas opresiones y conculcación de los derechos humanos en un breve período de tiempo.
Si el pueblo está tan oprimido que la resistencia pacífica no produce ningún cambio, puede ejercerse el derecho a la resistencia violenta como último recurso, pero sólo en el caso de que no exista ninguna otra alternativa (como, por ejemplo, la resistencia pasiva).
En su Encíclica Populorum progressio (n. 31), el Papa Pablo VI habla de esta última opción y dice que podría justificarse la lucha armada como último recurso para poner fin a un firmemente establecido y prolongado reino de la violencia, que viola contundentemente los derechos humanos fundamentales y perjudica muy gravemente al bien común del país. Sin embargo, la Congregación para la Doctrina de la Fe afirma que el uso sistemático de la violencia como un camino supuestamente necesario para la liberación es una ilusión perjudicial…que abre el camino a la nueva opresión (Instrucción sobre la libertad cristiana y la liberación, n. 76).
En la actualidad, todos los países y la iglesia se sienten llamados a colaborar estrechamente para asegurar que en ningún país del mundo surjan situaciones en las que una opresión violenta insoportable obligue al pueblo a liberarse con medios que detestan profundamente (véase Katolischer Erwachsenen-Katechismus, vol. 2, Leben aus dem Glauben, Herder, Friburgo 1995, pp. 260-262). Los más importantes teólogos de la liberación son: Gustavo Gutiérrez, Teología de la liberación, 1974; J. L. Segundo, La liberación de la teología, 1978; J. Sobrino, Cristología en la encrucijada, 1978).
Pregunta 68: ¿Por qué prohibió Dios a los judíos comer carne de cerdo? ¿Sólo por la triquinosis o también por otras razones? ¿Por qué permite Jesús lo contrario? ¿Tal vez porque las condiciones higiénicas habían mejorado en su tiempo, por lo que podría decirse que nunca había sido algo malo comer cerdo y que los judíos mantuvieron la prohibición solamente para diferenciarse de los demás pueblos? ¿Era peligroso comer carne de cerdo en tiempos de Mahoma porque vivía en el desierto y allí no podía analizarse si tenía o no triquinosis? Algunos piensan que la carne de cerdo no es tan valiosa, ¿es cierto o absurdo? ¿Qué se diría sobre esto desde un punto de vista científico? (AL)
Respuesta: Lv 11,7ss. y Dt 14,8 declaran que el cerdo es un animal impuro y prohíben comer su carne o tocar un cerdo muerto. El Antiguo Testamento no explica la razón de esta prohibición, por lo que es posible atribuirla a varios motivos: el religioso (los cerdos eran usados en los sacrificios de los paganos), el moral (la forma impura en la que vive el cerdo), el antropológico-cultural (por anomalía taxonómica, es decir, la dificultad de determinar a qué categoría zoológica pertenece el cerdo), el sanitario (por ej., la protección contra la triquinosis) y el ecológico (compite con el ser humano por la comida). Los judíos entienden la prohibición como un signo de su identidad (véase 2 Mac 6,18-31 et al.) y el intérprete no judío la entiende como un signo de diferencia. También el Corán prohíbe comer la carne de cerdo (2,173 et al.). El Nuevo Testamento aún comparte la repugnancia por el cerdo, pero en el credo de los apóstoles en los Hechos (15,23-29) se ignora la prohibición, en la carta de Bernabé se alegoriza y en la iglesia primitiva finalmente se abandona. Probablemente, las perícopas en las que Jesús debate sobre los alimentos puros e impuros (Mc 7,14-23 y Mt 15,10-20) jugaron un papel relevante en este asunto.
Luego llamó a la gente y les dijo: «Oíd y entended. No es lo que entra en la boca lo contamina al hombre; sino lo que sale de la boca, eso es lo que contamina al hombre». Entonces se acercan los discípulos y le dicen: «¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oír tu palabra?». Él les respondió: «Toda planta que no haya plantado mi Padre celestial será arrancada de raíz. Dejadlos: son ciegos y guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo». Tomando Pedro la palabra, le dijo: «Explícanos la parábola». Él dijo: «¿También vosotros estáis todavía sin inteligencia? ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego se echa al excusado? En cambio lo que sale de la boca viene de dentro del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones, robos, falsos testimonios, injurias. Eso es lo que contamina al hombre; que el comer sin lavarse las manos no contamina al hombre». (Mt 15,10-20)
Pregunta 69: En el capítulo 3 de su página web (La divinidad de Jesús: Perspectiva musulmana, en particular, sección 3, línea 1): Jesús, cuya llegada fue anunciada por Juan Bautista (Yahyá), nació de la virgen María sin un padre humano. ¿Cómo sabe que fue Yahyá (la paz sea con él) quien dio a Jesús (la paz sea con él) este mensaje, cuando el Corán, en la sura 3,39, dice que los ángeles dieron a Zacarías un mensaje de Dios? (AL)
Respuesta: Lo que quiero decir en la frase que cita es que según el Corán, Yahyá ibn Zakariyya creyó en Isa ibn Maryam como una palabra de Dios. Es posible que lo que digo vaya más allá del texto real del Corán, en cuanto que asumo, a partir de la palabra sadaqqa, que Yahya también declaró públicamente que creía en Isa y que, por tanto, anunció su llegada. Me refiero a la sura 3,39 y a la interpretación que habitualmente se hace de ella (por ej., en el Tafsir al-Manar sobre este versículo. Dar ul-Fikr Ausgabe, vol. III, pp. 297ss.). Por mi parte, no quiero decir, y el texto del Corán no permite realmente tal interpretación, como usted señaló, que Yahya dio el mensaje a Isa (la paz de Dios sea con él), como dijo, sino solamente que Yahya creyó que era verdad que Isa era una palabra de Dios.
Interpretación del Corán 3,39
Con respecto a la interpretación del v.39 de la sura 3, puede encontrar un resumen de las interpretaciones y, por tanto, también de las palabras que discutimos aquí, en Mahmoud M. Ayoub, The Quran and its Interpreters, vol. II (The House of Imran), State of New York Press, Albany 1992, pp. 107-112. Ayoub muestra que la mayoría de los comentaristas clásicos del Corán comparten el punto de vista que he presentado aquí.
Supongo que ha leído las escrituras del Antiguo Testamento, o el Primer Testamento, que constituyen toda una biblioteca de obras escritas durante muchos siglos y en las más diversas circunstancias. Los libros de los profetas se encuentran en el Antiguo Testamento. En el Corán no se mencionan a muchos de estos profetas ni tampoco sus escritos. Para los judíos y los cristianos, son una parte importante de la Biblia. Es evidente que no puedo explicar detalladamente aquí cómo han interpretado los cristianos, a través de los siglos, los escritos proféticos del Antiguo Testamento a la luz de su fe en Jesús de Nazaret como el Mesías. A diferencia de los judíos, los cristianos consideran que el Antiguo Testamento, y especialmente los profetas, anuncian un futuro en el que vendrá el ungido de Dios y con él llegará el reino de Dios. También a diferencia de la fe judía, los cristianos, muchos de los cuales procedían de la fe judía, sobre todo al principio, siempre han considerado y han confesado que Jesucristo era el Mesías que esperaban los judíos. Mientras que los judíos aún esperan que venga el Mesías, los cristianos creen que Jesús de Nazaret, el crucificado y el resucitado, es el verdadero Mesías que se esperaba (el Ungido de Dios), que en las Escrituras judías se había esperado durante siglos que vendría de Dios. Aquí no podemos decir más. Si está interesado en comprender los principios de la fe cristiana más detalladamente, le remito al Katholischer Erwachsenen-Katechismus: Das Glaubensbekenntnis der Kirche, ed. de la Conferencia Episcopal Alemana, Butzon & Bercker, Kevelaar 1985, especialmente pp. 60-63; 143ss. Vea también los capítulos pertinentes del libro de Richard P. McBrien, Catholicism, HarperCollins Publishers, Nueva York 1981.
La afirmación que hago de que Jesucristo ha sido anunciado por los profetas, debe entenderse, por consiguiente, como uno de los principios fundamentales de la fe de la Iglesia. Los creyentes judíos interpretan de forma diferente los textos pertinentes del Antiguo Testamento. Lamentablemente, no poseemos aún un comentario sistemático sobre los escritos del Antiguo y del Nuevo Testamento desde una perspectiva musulmana.
El Evangelio según San Juan 16,12-13
Los cristianos siempre han entendido que estos versículos y otros similares se refieren al Espíritu Santo. No tenemos suficiente espacio para explicar detalladamente por qué sería erróneo leer el texto griego como periklytos en lugar de parakletos, ni tampoco puedo sintetizar las exégesis cristianas realizada sobre estos textos que llenan volúmenes enteros. Me gustaría indicar solamente lo siguiente: los cristianos entienden que el paráclito es el que sostiene o apoya, el que conforta, es decir, el Espíritu Santo. El Espíritu revelará que Jesús tenía razón cuando se llamaba el Hijo de Dios (véase Jn 10,33; 19,7). La prueba se encuentra en el hecho de que Jesús se va al Padre (13,1; 20,17); él mostrará su origen y su naturaleza celestiales (6,62). Revelando a Jesús, el Espíritu lo glorificará. Jesús glorifica al Padre (17,4). La revelación es, por consiguiente, completamente una; se origina en el Padre, se efectúa mediante el Hijo y se completa en el Espíritu Santo para la gloria de Dios, el Hijo y el Padre (véase Katholischer Erwachsenen-Katechismus, pp. 221ss.).
Su nombre es Ahmad o cuyo nombre es dignísimo. Esto significa que la palabra no debe entenderse como un nombre. Los comentaristas musulmanes sostienen que se refiere al profeta Mahoma. Para rebatir a los cristianos, los apologetas musulmanes han intentado encontrar un texto en los Evangelios que contenga este anuncio de Jesús. La controversia tiene aquí dos aspectos: o bien acusan a los cristianos de haber eliminado pasajes importantes de los Evangelios, o, como es más frecuente, remiten a la promesa que hace a sus discípulos de que les enviaría a quien les sostuviera y apoyara (parakletos) (Jn 14,16.26). En este caso, el término parakletos se interpretaba en el sentido de periklytos (muy famoso o renombrado).
Pregunta 70: ¿Cuál es la edad ideal para casarse? (TR)
Respuesta: La edad mínima que exige para poder casarse en la Iglesia Católica es de 16 años para los chicos y de 14 años para las chicas. Sin embargo, la Conferencia Episcopal puede aumentar la edad en su región correspondiente. Tras estas normas subyace la idea de que la edad mejor para contraer matrimonio depende de cada cultura. Es función de los sacerdotes evitar que los jóvenes se casen hasta que hayan alcanzado la edad mínima requerida según las costumbres de su país. En comparación con las culturas tradicionales, las parejas de la cultura occidental individualista tienen menos apoyo de la familia extensa y depende más de sí mismos. Tal situación requiere mayor madurez, y, por tanto, una edad más elevada.
Según la doctrina católica, el matrimonio está orientado al bien de la pareja y también a los hijos. Al pensar sobre edad adecuada para contraerlo, es, por consiguiente, aconsejable que se tenga en cuenta también el bienestar físico y psíquico de los hijos. Quienes están decididos a no tener hijos, no pueden contraer matrimonio legítimo según la doctrina católica.
Pregunta 71: Si el cristianismo es una fe monoteísta, ¿qué sentido tiene dar a María el título Madre de Dios? (TR)
Pregunta 72: Si rezáis a la madre de Jesús, ¿no la estáis colocando al lado de Dios? (TR)
Respuesta: Responderé a estas dos preguntas y otras posiblemente afines, hablando (1) sobre lo que se dice de María en la Biblia, a continuación (2) sobre el sentido del título Madre de Dios en la fe cristiana, y finalmente (3) sobre los nuevos dogmas de la Iglesia sobre María.
El centro del Nuevo Testamento no lo ocupa María, sino Jesucristo. Sin embargo, María es su madre. Por esta razón habla la Biblia de ella, pero no de forma biográfica. Lo que la Biblia dice sobre María rebasa lo biográfico: describe su importancia para la salvación del pueblo de Dios. Se habla de María en el contexto más amplio de la actividad de Dios, que ya se despliega a lo largo del Antiguo Testamento. Queremos decir que en la Biblia nos encontramos con mujeres que salvan al pueblo de Dios. En ocasiones son heroínas (Débora, Judit, Ester), otras veces son madres que dan a luz a un gran personaje (Sara, Rebeca, Ana). María constituye la cima de esta serie bíblica. Da a luz al Mesías, al Hijo de Dios. Cumple la fe de su patriarca (¡Abrahán!). Ella es la hija de Sión, es decir, la personificación del pueblo de Dios. En el Magnificat (Lc 1,46-55) se ubica en la historia de Israel y habla como un profeta, como los grandes profetas de antaño: sólo Dios es digno de la gloria, ni los poderes ni las riquezas del mundo significan nada ante él. María cumplió este principio en su propia vida. Vive solamente para su hijo divino. En los días de sus grandes triunfos, permanece en el trasfondo, pero aparece con él al pie de la cruz. Busca y pregunta, realiza su camino, conserva todos estas cosas meditándolas en su corazón (Lc 2,19), vive en la incertidumbre y la desilusión. Es la madre que experimenta todo el dolor. Todo esto es cuanto la Biblia nos dice sobre ella.
El amor total de María pertenece a Dios; sin reserva alguna, consagra toda su vida a esta incomprensible alta vocación a la que ha sido llamada. Por consiguiente, se mantiene virgen, pues sólo quiere ser la sierva del Señor, tal como había prometido a Dios (Lc 1,38).
El Catecismo Protestante de Adultos resume lo que la Biblia dice de María en los siguientes términos: Se la describe como la ejemplar oyente de la palabra de Dios, como la sierva del Señor, que dice sí a la voluntad de Dios, como la favorecida que no es nada por sí misma, sino que es todo por el favor de Dios. Así pues, María es la imagen por excelencia de los seres humanos que se abren a Dios y se dejan recibir sus dones, la imagen de la comunidad de los creyentes, de la Iglesia. María forma parte esencial de los Evangelios. Sin ella habría desaparecido algo importante de la obra salvífica de Dios.
Así es como se hace comprensible que los cristianos veneren a María. Sólo hay uno que nos ha dado la salvación, Dios mediante Jesús y en él. Pero, ¿no es importante que fuera una mujer la que recibió esta salvación para todos nosotros? María dijo al ángel: Hágase en mí según tu palabra, y así es como se convirtió en la madre de nuestro salvador. Fue el sí de la humanidad a Dios.
El credo afirma: …que nació de Santa María Virgen, resumiendo así cuanto nos dice la Biblia. La historia de la natividad nos cuenta muy gráficamente que María llevó en su seno a su hijo, como cualquier otra madre, y que lo dio a luz para nosotros. Ella es su madre en un sentido mucho más profundo que el normal: Antes de concebir al Hijo de Dios, ella lo aceptó con fe…
Al principio María no entendió completamente el mensaje del ángel: ¿Cómo puede ser esto si no conozco varón? Y el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Estas palabras nos recuerdan al Antiguo Testamento: Dios mismo cubrió a Israel con una nube y se estableció en el sagrado tabernáculo. Con otras palabras, la Biblia nos dice que María es la morada de Dios, que Dios ha venido a nosotros mediante ella.
Según el evangelista Mateo (1,20), lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Esta es la doctrina de la Iglesia: María concibió a su hijo como una virgen, sin tener relaciones con un hombre. Algunos ven aquí un gran problema. Ahora bien, ¿por qué no iba a intervenir Dios de un modo no habitual cuando su propio Hijo se hizo hombre? Especialmente el dogma de la concepción virginal explica que el nuevo comienzo que está aconteciendo mediante Jesús es obra exclusiva de Dios.
Todo esto ocurrió sólo porque María creyó y lo aceptó. Y así se convierte en la Madre de Dios. En el año 431 d.C., el concilio de Éfeso determinó aplicarle este título, que Lutero y otros reformadores sostuvieron. Es evidente que no dio a luz a Dios en cuanto Dios, pues es creatura como nosotros. Ella dio a luz a Jesús, que Dios y hombre en una persona. Si crees en Cristo como el Hijo de Dios, tienes que venerar a María como la Madre de Dios.
María es también nuestra madre, porque los cristianos somos uno con Cristo, somos miembros de su cuerpo. Ella ama al Cristo total, y, por tanto, también a nosotros. Podemos invocarla como abogada nuestra, como madre nuestra, como esperanza nuestra. Podemos contarle nuestros sufrimientos. No es más que lo hacemos unos con otros. Puesto que todos pertenecemos a Cristo y somos uno con él, podemos apoyarnos unos a otros diciendo: ¡Ruega por mí! Con mayor razón podemos pedírselo a la Madre de Dios, que, entre todos nosotros, es la que más cerca está del Señor.
Ciertamente, María no debe ser adorada. La adoración sólo se debe a Dios. Pero podemos invocarla sin que ello afecte a la posición exclusiva de Jesucristo, pues el apoyo que de ella recibimos también procede solamente de la salvación que Dios ha realizado a través de Jesús. El que invoca a María y la venera, confiesa de este modo su fe en Jesucristo, el hijo de María y el Hijo de Dios.
No deberíamos hablar de María sólo teóricamente. Deberíamos simplemente amarla. Sólo entonces podemos comprender el significado que tiene no sólo para los cristianos, sino para toda la humanidad. Ella es la Madre de Jesucristo y, por tanto, nuestra madre, la madre de toda la humanidad.
¿Por qué se han creado nuevas doctrinas en nuestro tiempo, casi 2000 años después del nacimiento de Jesús? ¿Por qué anunció el Papa en 1854 la doctrina de la Inmaculada Concepción y en 1950 que María subió al cielo en cuerpo y en alma?
Realmente son preguntas pertinentes, pues todo cuanto Dios tiene que decirnos ya lo había dicho. Nada puede decirse ni añadirse al mensaje de Jesús transmitido mediante la doctrina de los apóstoles. Todo esto se extiende ante nosotros, pero se extiende como un territorio inexplorado. Desde sus comienzos, la iglesia ha intentado comprender los misterios de la fe con mayor profundidad, realizar nuevos descubrimientos y encontrar nuevas conexiones.
Expliquemos lo que decimos con una comparación. Queremos proyectar una diapositiva y el dibujo aparece en la pantalla. Pero aún es confuso. La imagen principal aparece con claridad, pero hay muchos elementos que no resultan claros. Ahora, lentamente, movemos la lente y aparecen nuevos detalles. Estos detalles ya estaban allí antes, pero sólo ahora podemos percibirlos. La fe se parece a esto. Mediante la fe y la oración de la iglesia la lente de la fe ha sido modulada a lo largo de los siglos. No completaremos el descubrimiento de las riquezas de la fe antes del final de los tiempos. La comparación que he propuesto clarifica algo más, a saber, que los detalles sólo se hacen claros en el contexto de un cuadro general. Por sí mismos no se verían o serían erróneamente interpretados. Lo mismo podemos decir de los dogmas sobre María. Surgen a partir del cuadro general de la fe, no de determinadas frases de la Biblia.
María es, por tanto, la imagen por excelencia de un ser humano a quien Dios concedió su favor. Fue elegida por Dios para darnos al Cristo, la luz plena, la vida y la gracia de Dios. En ella llega a su plenitud Israel como pueblo elegido. Por consiguiente, se dice que ella es la llena de gracia (Lc 1,28). El sentido de esta frase fue elevado a una doctrina por la Iglesia en 1854 después de siglos de deliberación: Desde el primer instante de su vida, es decir, desde su concepción, María ha sido liberada de cualquier distancia con respecto a Dios y ha sido liberada de toda oscuridad, ha sido llenada por la luz divina y no tuvo pecado original. Lo que Jesús nos consiguió en la cruz, lo que se nos da en el bautismo, ella ya lo había recibido al comienzo de su vida porque iba a ser su madre.
Muchos no encuentran sentido alguno a esta doctrina. Muchos otros confunden la concepción de María con la de Cristo. Deberían estudiar mejor el calendario litúrgico: la Inmaculada Concepción de María se celebra el día 8 de diciembre, exactamente nueve meses antes de la fiesta de la Natividad de María (8 de septiembre). La concepción del Señor se celebra el día de la Anunciación, nueve meses antes de la Natividad de Jesús.
La opinión de quienes piensan que la iglesia considera la sexualidad como algo deshonroso es totalmente errónea. No comenzamos nuestra vida deshonrosamente por nuestra concepción humana, sino porque somos parte de la parte oscura del mundo que se ha apartado de Dios. María nunca formó parte de ese mundo. Desde el primer instante de su vida, se encontró bajo la luz de Dios. Que María fuera subida al cielo en cuerpo y en alma, es consecuencia de su cercanía a Cristo. Lo que todos recibiremos al final de los tiempos, la resurrección del cuerpo, ya lo ha experimentado ella, porque es la madre de Cristo. Esta doctrina es especialmente importante en nuestro tiempo en el que el cuerpo está siendo tan terriblemente envilecido, por las guerras, por las drogas, por la pornografía, cuando en realidad está destinado para servir a la gloria de Dios.
En María siempre contemplamos nuestra dignidad y esperanza. En ella reconocemos la grandeza que Dios quiere que alcancemos. Una vez que hayas entendido esto, nunca dejarás de venerar a María. (Con leves modificaciones de la obra de Winfried Henze, Glauben ist schön. Ein katholischer Familienkatechismus, pp. 69-76).
Texto del Magnificat (Lc 1,46-49) Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor cosas grandes el Poderoso, Santo es su nombre y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen. Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los de corazón altanero. Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos con las manos vacías. Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia -como había anunciado a nuestros padres- en favor de Abrahán y de su linaje por los siglos.
Ave María Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor es contigo. Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén
Debemos intentar amar a Jesús como su santísima madre lo amó. Ella es la más cercana a Dios. Si acudimos a ella, acudimos al mismo Dios (Maximiliano Kolbe, 1894-1941, franciscano polaco, organizador de la prensa católica en Polonia y en Japón, sacrificó su vida en Auschwitz por un joven con familia que tenía que ser ejecutado como rehén)
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